miércoles, 30 de marzo de 2016

Intercambio

Juan estaba muy nervioso en la esquina de esa calle, no era su barrio y estaba bastante lejos de serlo, la situación que lo llevaba a semejante lugar solo se resumía en una palabra: marihuana.
La adicción del muchacho partió como un juego y como un juego siguió musitando que nunca gastaría parte de su dinero en lo que él llamaba un mal vicio.
Pero ahora a pesar de todo lo renegado, estaba esperando en la esquina de esa población de poca monta al Manolo, su dealer habitual, al que cada tercer jueves del mes, le compraba cinco gramos de alegría que se vuelve humo.
El retraso del Manolo sumado a la constante bulla de las sirenas de carabineros, ponían en un estado de alerta intermitente a Juan, que mientras esperaba nervioso que su vendedor llegara con la mercancía, fumaba un cigarro tras otro, aumentando el cáncer ya existente en su cuerpo, el cual acortaba su vida a largo plazo.
Luego de media hora de angustiante espera, Juan divisó al Manolo girando por la esquina en su dirección, ya no le importaba cuanto había esperado, ni los nervios que sentía ante la eminente llegada de la policía. Más que un cordial saludo ese apretón de manos escondía un trato secreto, en la mano derecha de Juan se encontraban tres billetes de diez mil pesos y en la de Manolo una pequeña bolsita con los cinco gramos que tanto había esperado el primero.
Hubo una cómplice mirada entre ambos antes que cada uno siguiera por su camino, Juan iría de inmediato a consumir lo comprado con sus amigos mientras que Manolo atesoraría ese dinero para comprar comida a sus dos hijos que esperaban hambrientos en casa, sin saber cómo su padre conseguía el dinero, pero felices de tener que comer.

- Blanco

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